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Mostrando las entradas con la etiqueta erótico

Venus vs. Venus. Visión erótica en exposición dual

Las artistas Rigel Herrera y Andrea Badillo exploran el erotismo y la sensualidad femenina en su exposición dual Venus vs. Venus que se presenta en DLonngi Art, en Alfonso Reyes, 91, Colonia Condesa. "La propuesta estética de Rigel y Andrea, llama la atención y te atrapa desde que ves la sensualidad que envuelve su obra y la energía con que se comunican simplemente con una mirada..." - Luis Vanguardia, Curador. Dos mujeres artistas descubren que su manera de ver la feminidad, la desnudez y el erotismo se contraponen y en algunas ocasiones se complementan, es por eso que deciden dar forma a esta exposición, "Me interesa demostrar la belleza de la mujer como algo natural" Afirma Andrea Badillo, artista plástica originaria de Saltillo, quien agrega que siente admiración por el cuerpo femenino en general, ella y Rigel Herrera buscan romper con el tabú que ata el tema de la sexualidad y los cuerpos desnudos. "Excelente trabajo, pulcro y con idea

Adoración

Tus manos presurosas se afanaron y luego, Como un montón de sombra, cayó el traje a tus pies, Y confiadamente, con divino sosiego, Surgió ante mí tu virgen y suave desnudez. Tu cuerpo fino, elástico, su esbelta gracia erguía. Eras en la penumbra como una claridad. En un cálido velo, que toda te envolvía, La inefable dulzura de tu serenidad. Con el alma en los ojos te contemplé extasiado. Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin voz… Y por mi ser entero pasó un temblor sagrado, Como si en ti, desnuda, se me mostrara Dios. Manuel Magallanes Moure .

¿Para quién es el porno?

La pornografía es una industria al alcance de todos, desde publicaciones que encontramos diariamente en los periódicos en el metro, puestos de revistas, puestos exclusivos de películas sobre Av. Insurgentes y, debo admitir que nunca conocí más categorías de películas pornográficas hasta que trabajé en un cibercafé, donde, además de ver el contenido buscado en las pantallas de aquellos que solicitaban alguna asesoría con la computadora o quienes gustaban de pasarse de listos con los chicos y chicas jóvenes que laboraban en el lugar –de ahí el chiste local de que en el cibercafé ofrecíamos el servicio de la mano amiga-, también hubo ocasiones en que debía entregar impresiones de fotografías de mujeres con un cuerpo alterado de manera grotesca, en una posición completamente abierta y poco natural, desnudas y exponiendo su sexo para la satisfacción del espectador. Incluso como broma hicimos una señalización usando estas imágenes para que los clientes se guiaran en el establecimiento, he

Flores para Zianya

Aún te recuerdo así Te recuerdo desnuda en aquel cuarto Las mariposas de trapo revoloteando Y tú, inmaculadamente bella Zianya, mi mejor embrujada Rodeada de fantasmas sin encanto Y entonces el amor era como un niño Que todavía no nacía muerto Y entonces tu nombre era mi única oración Te recuerdo desnuda, Zianya Dándome una mamada Entre el silencio y la lujuria A punto de estallar Y nada se comparaba A ese lento veneno de orgasmos y versos Diluyéndose En la más dulce gota de nuestro placer Poderosas flores en tu vientre infecundo Y en la ventana las luces El cadáver de la ciudad en estado de gracia Te recuerdo con tus ojos tatuados de jeroglíficos Que nunca me interesó resolver Tomados de la mano perdidos en el sueño Como caimanes en agonía sobre la nieve Y esta noche tendrás tu poema Por qué de alguna manera sé que Mis palabras te alcanzan. Las mejores horas son aquellas perdidas Las horas sin retorno, Zianya Porque el único p

Dice él.

Le pedí una mirada, y al mirarme Brillaba en sus pupilas la piedad, Y sus ojos parece que decían: ¡No puedo darte más!

Sobre un sillón de piel.

Me sorprendes con la mirada puesta sobre un brazo derecho. Tiene el reloj en él y no en el izquierdo como es la costumbre; me conoces y entiendes lo que eso significa: una puerta abierta a lo diferente. Es el único cliente que se hace atender en la barra. El cabello lacio, caído al frente, parece un telón que le aísla de los demás; con un codo apoyado en la barra, desgarbado y empinado sobre un tarro de cerveza, parece como si temiera una llamada de atención. "Sólo en un bar como éste, donde lo que importa es el consumo, podrían dejarlo pasar, pienso, mientras repaso los trazos de su cuerpo menudo, desvanecido entre los pliegues de la camisola negra -dos tallas más grande, seguramente-, y ajustado, hacia las piernas, por un pantalón de mezclilla y unas botas como las que usan los militares, quizás para sentirse más hombre. Los labios rojos , sin duda, producto de una esmerada alimentación todavía materna; la piel ligeramente sonrojada por el tránsito de dos cervezas que reco

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