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Tequila y sanitarios

Era el 15 de septiembre, en la universidad se acostumbra a organizar fiestas cada que se nos permite tener días libres. En esta ocasión la fiesta se organizó en casa de Gabriel, joven excéntrico y popular, aunque no sienta simpatía por muchos a su alrededor. Hizo un gran esfuerzo en la ambientación, colgó cortinas de tulle para dividir las habitaciones y la música variaba según el área, series de luces adornaban con diferentes colores y dejaban un ambiente a medio iluminar, que con el alcohol y la efervescencia de las hormonas despertaban el instinto juvenil de la cacería nocturna. Todos vestíamos nuestras prendas más llamativas, con la expectativa de llamar la atención, nos vendíamos al más ardiente postor.


Me trasladé a la habitación más amplia, cuando corrí el velo de tulle negro, me encontré de frente con un muchacho que en la facultad siempre me veía con desdén, sin embargo, en ese instante se mostró muy sorprendido, cosa que me dió satisfacción. Hice un ademán para saludarle y entré a recorrer la habitación para conversar con los demás. Cuando la conversación se me antojó monótona volví a deambular entre la gente, pensaba en cómo podía hacerme las cosas más divertidas. Terminé por quedarme quieta y escuchar las conversaciones a mi alrededor, una captó mi atención, aquella que reflejaba el propósito de toda esa mascarada. Hablaban de las jóvenes que desfilaban por el lugar, señalaban sus piernas y a las que tenían la espalda descubierta, especulaban sobre qué color tendrían sus pezones y cómo sería tomarlas de las nalgas y acariciarlas. No pude evitar soltar una carcajada que terminó interrumpiéndolos. Giré rápidamente, apenada, y me quedé boquiabierta al encontrarme de nuevo con aquel sujeto, quien de igual manera se rió y después me invitó una cerveza mientras me unía al grupo. Un rato intercambiamos ideas y le hicimos al tonto. Eventualmente me sentí fuera de lugar y me decidí a continuar con mi búsqueda de entretenimiento.

Sin darme cuenta, el chico con el que nunca antes había cruzado palabra, me siguió y finalmente me detuvo en un área menos concurrida que las demás. ¿A caso había atraído a la presa que disiparía mi aburrimiento?  
Me tomó por los hombros y preguntó "¿Recuerdas lo que dijiste una vez?" Le miré extrañada. "Qué si alguien te gusta, tienes que contárselo" completó. Entonces supe que escucharía su legendario discurso de las fiestas. Mientras tanto él continuó "Si te digo que me gustas, ¿Me das un beso?" Aún lo miraba en silencio cuando me arrastró a un espacio solitario y comenzó a besarme, esperaba disfrutar del juego de la inocencia, me dejé llevar sin más.

Entramos en el baño y no pude evitar reproducir la canción de Sanitarios en mi mente. Me desvistió frenético, no sabíamos cuanto tiempo teníamos ni si podrían descubrirnos. 
Éramos dos almas dominantes, arrancandonos las prendas para dejar la piel expuesta. Él hizo  una expresión de asombro al descubrir mis pechos, los admiró unos instantes y después se sumergió en ellos. Continuó besándome los hombros y siguió hasta el cuello, dejando claro que quería una follada épica en la que él fuera el héroe.



Se introdujo entre mis piernas sin tanto preámbulo y me cargó como si fuera un koala, la humedad comenzaba a dominar mi interior y los espasmos me llenaban de un intenso cosquilleo, mientras tanto él profundizaba cada vez más y con más fuerza. Jadeabamos, evitando producir cualquier ruido que nos delatara, y mientras tanto estoy segura de que él admiraba mi espalda y mis nalgas que se reflejaban en el espejo frente a él. Antes de acabar me bajó y entre la excitación, me arrodillé ante él, tenía frente a mi aquel miembro duro y humedecido con mi miel, deslicé mi lengua desde la base hasta la punta, saboree su glande  haciendo círculos y después chupándolo como una Lollipop. Con mis manos acariciaba sus testículos y su pene a todo lo largo, luego jugueteaba entre sus piernas dándole ligeros rasguños. Subí mis manos hasta sus ingles mientras absorbía completamente su pito y succionaba desde la base, sentí un ligero temblor en sus piernas, lo solté acariciándolo lentamente con mi lengua otra vez hasta la punta dejando un hilo de saliva, alcé la mirada, retándolo y él deslizó mis manos nuevamente a su miembro.

Seguí masturbándolo y mamándosela hasta que se tensó completo dentro de mi boca y soltó un gemido discreto, una vez más me deslicé hasta la punta en espera de la erupción que había provocado, él suspiro y se vino sobre mi lengua. Terminamos vistiéndonos a toda prisa para no despertar sospechas, él salió primero "Te veo afuera" dijo. Esperé 10 minutos y me reincorporé a la reunión, ambos deambulábamos desvergonzadamente. 
Me acerqué a él un momento, me pasó otra cerveza. "No hablaremos con nadie de esto" Aseveró. "Cómo si quisiera platicarlo" respondí con indiferencia. Él se retiró sin más.


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